De niña Ana tenía dos patios. Tenía dos patios, dos jardines, dos casas, dos perros, dos madres. Trece gatos. Las repeticiones y las rarezas habían entretejido en ella un particular entendimiento de la realidad. Nunca había podido distinguir con certeza el umbral de salida de los sueños y la puerta de entrada al mundo real.
Pero esa noche el soñar fue diferente.
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Ana despertó sobresaltada. Al llegar al baño se lavó la cara varias veces. “La sensación es completamente diferente”, dijo mientras se dejaba mirar desde el espejo. Se vistió apurada. Afuera, no había una sola nube y eso le pareció aterrador.
Mientras esperaba el colectivo una impresión le dió de lleno. Ya había tenido ese mismo sueño antes. ¿Cómo no lo recordaba? De pronto se dió cuenta. Estaba atrapada en una puerta giratoria de las que alguna vez le hablaran sus madres. Una vez adentro las escenas se repetirían inevitablemente hasta que pudiera romper con la cadena. Necesitaba despertar de verdad. Sintió miedo. ¿Qué significaba estar realmente despierta?
En el 110 quedaba un último asiento libre junto al pasillo. Esto la tranquilizó. No se sentaría junto a la ventanilla como en el sueño. Avanzó despacio, el vehículo se movía como si no hubiera sido domado. Ana cayó en el asiento con horror. A su lado había una mujer que le daba la espalda. Temblaba y parecía estar abrazándose a sí misma mientras miraba hacia la calle con desesperación.
Ana extendió el brazo.
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Acerca de Mara Gena
Mara Gena ha trabajado como redactora en distintas agencias de publicidad como Pragma FCB, Leo Burnett y JWT. Ha recibido premios como FIAP y Oro en el Círculo de Creativos Argentinos (El Diente). Actualmente trabaja free-lance para empresas, agencias de publicidad y medios alternativos. Ha publicado “Jajaikus” su primer libro de poemas cortos, contemplativos y con humor. Y está escribiendo su primera novela.






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