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Malba – Fundación Costantini presenta la exposición Manuel
Álvarez Bravo. Fotografías, perteneciente a la colección de Fomento Cultural Banamex, con 40 fotos vintage de un
pionero y maestro de la fotografía contemporánea en México, que por primera vez
se exhiben en forma conjunta en Buenos Aires.
La muestra da cuenta de sus diferentes etapas artísticas entre 1920 y 1947,
período del nacionalismo cultural impulsado por la Revolución Mexicana y la
creatividad de los muralistas. “Álvarez
Bravo se inicia en la fotografía en la hora de las aspiraciones
monumentales, de la empresa que se propone educar al pueblo a través de una
estética insolente, paternalista, épica y generosa”, escribe Carlos Monsiváis en el ensayo “Los silencios y las voces del paisaje”, que encabeza el catálogo Manuel
Álvarez Bravo. Cien años, Cien días; editado en 2002 por Fomento Cultural Banamex, Fundación Televisa, Conaculta-INBA y Turner; en ocasión de su
cumpleaños número 100.
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Bautizado como el “fotógrafo de lo mexicano”, Álvarez
Bravo expresa en sus composiciones el prototipo de la belleza mexicana,
cuyos rostros reflexivos comunican una intensa individualidad. También incluye
elementos emblemáticos de su cultura como el sarape, la ofrenda, el agave y la
caja mortuoria, entre otros, que revelan las tradiciones implícitas en el modo
de vivir de su pueblo.
Para Monsiváis, la pasión por los elementos indígenas, prehispánicos o
contemporáneos, es una elección formal y emotiva en el trabajo de Álvarez
Bravo. “México es, entre otras cosas, una notable oportunidad temática, es
la biografía personal y colectiva, es la historia que sobredetermina y que
margina, es el punto de partida de la vocación”, afirma. En línea con las
grandes corrientes del arte mexicano del siglo XX –de Rivera a Orozco,
de Frida
Kahlo a Tamayo,
de Ricardo Martínez a Francisco Toledo-, “Álvarez
Bravo ve en la mitología prehispánica y la vida indígena dos estímulos
perdurables de la renovación interna de su trabajo”, concluye Monsiváis.
El conjunto de fotografías que integran esta exposición refleja la maestría de Álvarez
Bravo. La fuerza visual de su obra recae en el blanco y negro que, aunado a
los tonos de la luz difusa, o bien a los contrastes luminosos y violentos,
llevan al espectador en algunos casos a un ambiente mágico, en otros onírico y
en la mayoría de las veces a un mundo poético lleno de la propia realidad.
“Para don Manuel el costumbrismo limita o impide la creación de lo inesperado.
Abstracto o figurativo, erótico por alusión o por despliegue, Álvarez Bravo
abunda en manejos de las sombras, en figuras que se agregan al imaginario
colectivo, en composiciones inesperadas donde lo inanimado enreda y enamora a
lo vivo. Allí están la soledad, las provocaciones de lo orgánico, la
transformación en paisaje urbano de un letrero. Todo, sin renunciar jamás a la
desconfianza instintiva ante esas señales de poder petrificado que son los
lugares comunes”, explica Monsiváis
La obra de Álvarez Bravo está siempre más allá de lo que se pretenda
explicar, porque funde en cada instante creativo -con una variedad de
registros-, la modernidad más absoluta sin desdoro de la personalidad mexicana.
Hasta el 25 de Mayo en Malba – Fundación Costantini, Av. Figueroa Alcorta 3415 de la Ciudad de Buenos Aires






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