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Quiero asesinar la pintura", dijo Joan Miró en 1927. Tenía 34 años y el mundo tal como lo conocía estaba a punto de derrumbarse: el crac bursátil de 1929, la gran depresión en Estados Unidos y las convulsiones políticas que desembocaron en la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Ocho décadas después, cuando el mundo vive una crisis financiera que ha estimulado paralelismos con los años treinta, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA, recupera la obra que Joan Miró realizó entre 1927 y 1937. "¿Por qué hoy su trabajo nos parece tan fresco e inmediato?", se preguntaba ayer Ann Umland, curadora de la exposición Joan Miró: Pintura y antipintura,que estará abierta entre el 2 de noviembre y el 12 de enero del 2009. Una de las respuestas que se da Umland son las similitudes entre el contexto histórico de los años treinta y el actual...
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Esta curiosa simetría es sólo una de las sugerentes palancas de inquietud para acercarse a esta exposición, donde el habitual de Miró se llevará algún sobresalto, y en cambio puede sentirse inesperadamente atraído aquel al que no «llegaran» lo suficiente sus características superficies coloreadas y estrelladas. «Es éste un Miró mucho más turbio, demoledor e hiriente, que lleva al paroxismo los colores ácidos y que a veces incurre «tanto en lo intencionadamente feo como en lo salvajemente bello», explicó Anne Umland.
Los expertos creen que Miró se radicalizaba y se revolvía así contra el materialismo artístico y contra el uso de la creación como instrumento de propaganda burguesa. Sin embargo, lo que cuelga desde ayer de las paredes del MoMA está repleto de significaciones que van más allá de toda definición. La comisaria Umland invitó a reconsiderar el legado del pintor a la nueva luz de esta muestra, que es un emblema de cómo se hacía arte en el siglo XX y que hasta ahora ningún museo se había atrevido a acometer, quizás por miedo de desviarse del Miró más aceptado y convencional.
Tenía que ser todo un MoMA el que se atreviera a cruzar al otro lado del espejo. Y aún así no ha sido fácil armar el rompecabezas de la exposición, cuyas piezas proceden de la Fundación Joan Miró de Barcelona, del Centro Pompidou de París y de varias colecciones privadas.
Este esfuerzo recolector y exhibidor sitúa a Joan Miró en la definitiva encrucijada entre pasado y futuro cuando la guerra civil española le aleja de Barcelona y hace de París su refugio. Constituye un testimonio de continuidad y evolución artística frente a la convulsión y la «persistente tensión entre la abstracción y la figuración, lo radical y lo tradicional, la maestría formal y el asesinato estético». Un período que la muestra clausura con la exhibición de la poderosa pieza «Naturaleza muerta con un zapato», datada en 1937.
«Con esta muestra se ve lo que era el arte para Miró y lo que él proponía por oposición, además de que en ese proceso se revelaba la paradójica naturaleza del artista, que era la de la violencia y la resistencia de alguien que nunca dejó de ser un pintor y un creador de formas», afirma la comisaria.
La exposición cuenta con el patrocinio del gobierno catalán y fue inaugurada ayer en Nueva York por su Vicepresidente, Josep-Lluís Carod Rovira, quien la saludó como un emblema de «la creatividad y la transgresión catalana». El Centro Catalán en la Universidad de Nueva York (NYU) ha organizado paralelamente un debate en el que participarán Joan Punyet Miró y Anne Umland. Está en preparación un simposio sobre la figura del pintor para el próximo mes de enero.
Fuente: ABC / La Vanguardia


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