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It's Such a Candy World

La_cellule

Pastelillos, chocolate y golosinas de llamativos colores formaron divertidas obras de arte comestible que los habitantes de Buenos Aires han saboreado con gusto y sorpresa gracias a la exposición "Despedida. It's such a candy world!", de las francesas Stéphanie Sagot y Emmanuelle Becquemin.

El paraíso de cualquier niño fue hecho realidad en la sede de la Alianza Francesa de la capital argentina, cuando se montó esta original obra en la que sobresalían de una pared rosa y blanca brazos que ofrecían deliciosos y coloridos manjares como frutas con chocolate, merengues, frutas caramelizadas, piruletas o chupetines.

Frente a estos "Glory holes" -huecos de gloria- paseaban, además, "angelitos" a los que había que conseguir arrancar un bombón -adheridos a múltiples e incluso comprometidas partes de su dorado cuerpo- y diablillos rojos que daban a beber a los asistentes vino de su propio y alegórico corazón a través de extraños sorbetes de plástico que colgaban de sus cuerpos.

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Y por si fuera poca estimulación para la vista, el olfato y sobre todo el gusto de los asistentes, no acababa ahí el dulce montaje de las dos francesas.

En otra sala esperaba el "Bufette flotante": decenas de globos de distintos tonos de rosa y blanco esperaban por encima de las cabezas de los asistentes a que éstos se atrevieran a desenganchar las cajitas que colgaban de ellos y descubrir los delicados manjares que escondían.

Así que el asistente a esta azucarada bacanal no sólo pudo disfrutar de estas delicias y compartir el placer de los sentidos, sino también interactuar con la obra; pues cuando los globos eran liberados de sus cajitas éstos volaban, como libres del lastre de las calorías, hasta el techo de la sala.

Becquemin y Sagot forman el grupo "La cellule" y con esta dulce y efímera exposición han participado en el proyecto "Degusté", que organiza la ciudad para demostrar que el arte y la comida pueden ir de la mano.

Ambas artistas, que desde hace cuatro años trabajan juntas en la relación entre arte, comida y consumo, persiguen en sus montajes crear un universo "pop y lúdico" de "arte comestible" que los asistentes puedan consumir, apreciar y saborear a la vez.

El dúo, que define al consumo como "un prisma en el que converge y se modifica la relación del hombre con el mundo", presentará el 27 de agosto en la ciudad argentina de Rosario "Créature", otro encuentro de arte y gastronomía.

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Emmanuelle Becquemin explicó en una entrevista con Efe que el proyecto de Buenos Aires, a pesar de poseer elementos que ya habían sido presentados anteriormente -como los brazos que ofrecen regalos-, es una nueva propuesta porque "siempre se depende del público".

Además, en este caso se añadieron como novedad los angelitos o "criaturas" que pululaban entre los golosos asistentes ofreciendo los tentadores regalos de su cuerpo, en referencia al uso de la anatomía femenina como objeto.

"Estamos esperando una reacción del público pero no sabemos cuál, porque la intención de esto es que el público interactúe", aseguró Becquemin minutos antes de la inauguración.

Y sí, el público, desde luego, reaccionó.

Los primeros que al llegar se encontraban con un brazo flotante que les ofrecía golosinas no se atrevían a llevárselas; pero, en cuanto algún avispado rompió el hielo los asistentes, se lanzaron sobre todo dulce entre divertidos y curiosos.

Lo de conseguir bombones era más difícil, porque la criatura forrada de chocolates era resbaladiza y juguetona y no se dejaba atrapar así como así, en contraste con sus amables compañeras del vino que ofrecían sus corazones-jarras con enormes sonrisas a todo el mundo.

Aunque uno podría pensar que era un espacio para niños, no abundaban los críos por allí (si bien los pocos que habían prácticamente se volvieron locos), pero sí las ancianas que, lejos de cuidarse los niveles de azúcar y ser comedidas, eran quienes atesoraban las más amplias y variadas colecciones de los más codiciados dulces.

Y no era para sus nietos, porque se lo comían.

En la pasada edición del proyecto "Degusté" en 2007, Laurent Moriceau expuso un molde de su cuerpo en chocolate que el público pudo saborear y realizó una instalación en la que se pudo apreciar el efecto de la congelación en el vino.

Fuente: EFE



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