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Algo está cambiando en las paredes de Buenos Aires. De a
poco, no queda fachada blanca ni medianera limpia, y se evapora el tradicional
graffiti, ese de los mensajes políticos, declaraciones de amor, o logos de
bandas. ¿Qué queda en su lugar? No hace falta recorrer mucho para darse cuenta:
toda la ciudad está invadida ya por el colorido "street art" o arte
urbano.
¿Y qué es eso del arte urbano? "Y, el arte que se hace en la calle",
responde Pablo Harymbat (alias Gualicho), un urban artist de 31 años que
lleva más de diez pintando paredes. Su respuesta no es arbitraria: los artistas
que conforman el movimiento tienen estilos, formaciones, influencias distintas,
difíciles de encasillar, lo cual salta a la vista al ver las obras de la
galería.
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Si la definición parece complicada, es porque a ellos mismos les cuesta
explicar quiénes son (graffiteros, diseñadores gráficos, cocineros, cualquiera
puede ser artista urbano) y más aún qué hacen: "No me gusta
autodenominarme dentro de ninguna categoría", dice Pum Pum,
una de las mujeres que se destaca en las calles, famosa por sus dibujos de
nenas rubias con grandes flequillos, y agrega "por el hecho de que me
gusta simplemente dibujar y pintar, en donde sea".
¿Donde sea? Intervenir el espacio público, poner una obra al alcance de todos,
parecen ser los objetivos que definen al arte urbano. "El arte tiene que
ser popular, por eso pinto en la calle, para que lo vea cualquiera y en
cualquier momento", sostiene Gualicho.
Para otros, el lugar donde se ubica una obra de arte no es lo fundamental:
" Queremos ir a hacer una pintada al campo, ahí donde no hay paredes, a
ver como se lo banca y como nos lo bancamos nosotros en ese medio, a ver si
seguimos haciendo street art o pasa a ser rural art" dicen en el colectivo MPC, un
grupo de cuatro artistas que se conoció pintando las paredes del Hospital
Pirovano.
"Agarrar una plaza que ni figura en los planos del catastro y pintarle
veintisiete mil cosas todas coloridas en tres horas o menos es llamar la
atención que algo pasaba en esa pared o en ese lugar, y que puede pasar otra
cosa distinta", afirman, y agregan que "es divertido el cruce, la
mezcla, lo mestizo. Entre la corrida de la policía en la calle y el vino con
canapés del vernisagge. Entre las ancianas ofendidas porque ensuciamos las
calles y el gobierno que nos contrata para pintar una plaza. Todo junto y a la vez."
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La discusión sobre el contexto del arte urbano comenzó cuando las marcas, guiados
por los "coolhunters", convocaron pintores para que los ayuden a
relanzar sus productos: fue el caso del Puma Urban Art, un
festival de mayo pasado organizado por la empresa de indumentaria para
presentar zapatillas en sociedad, rodeadas de graffiteros y bandas en vivo.
Y el mismo debate se da en el Palais de Glace, que actualmente abre sus puertas a más de
60 artistas reunidos en 42 grupos, para la inauguración de la muestra Ficus Repens (enamorados del muro). Los artistas
presentarán trabajos nuevos y habrá fotografías de Carlos Bosch sobre los
trabajos ya presentes en la ciudad.
Algo está cambiando también en las paredes de las galerías y los museos ¿Puede
sobrevivir el arte callejero en esos ámbitos institucionales y cerrados? Jacoby
es optimista: "No veo conflictos en las acciones de arte callejero en
galerias o espacios de arte", dice, aunque reconoce que "por supuesto
que hay cambios, todos los que necesiten los artistas y sus obras al modificar
el contexto".
"En el arte callejero el lugar específico de producción nunca es
anecdótico. Una galería es muy diferente a la calle. La esencia del arte
callejero se va determinando por los propios artistas y sus obras",
completa.
Fuente: Perfil.com



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