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Había una vez un artista genial que tenía un barbero al que
durante 26 años le regaló dibujos, cerámicas, grabados y libros y que éste,
siguiendo la generosidad del artista, decidió donar a su comunidad para que
todos pudieran disfrutar de las obras.
La historia es real y tiene como protagonistas nada menos que al español Pablo Picasso y a su
barbero, Eugenio Arias.
Hasta el 27 de julio, en el subsuelo de la Casa de la Cultura de la
Ciudad de Buenos Aires se podrá vivir dicha historia a través de 25 obras
de Picasso de la colección de Arias, que llegaron a la Argentina por un acuerdo
entre el gobierno porteño y la comunidad de Madrid.
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Picasso en Buenos Aires se divide en tres partes: la amistad, el exilio y los toros, elementos que vinculaban al artista con su barbero. Los dos hombres se vieron por primera vez en Tolouse, en 1945. El segundo encuentro fue en 1948, al acudir Picasso a la barbería de Arias en Vallauris, un pequeño pueblo del sur de Francia. A partir de entonces, la amistad entre ambos exiliados políticos, debido a su oposición al franquismo, sólo se vio interrumpida en 1973, por la muerte de Picasso.
Arte en la barbería
El barbero solía exponer en su local las obras que el artista le regalaba,
sobre temas significativos para ambos. En la sección La amistad aparecen desde
la pequeña y fantástica placa de arcilla Apolo persiguiendo a Dafne (1971)
hasta la bacía de barro -vasija usada por los barberos- con dibujos negros del
Quijote (1959). Desde el Dibujo de Rembrandt y anagrama (1969),
que el artista hizo como dedicatoria a Arias en un libro sobre sus grabados,
hasta la cerámica esmaltada Plato con cabeza de cabra (ca. 1950).
El característico trazo de Picasso,
figura fundamental para la historia del arte del siglo XX, de apariencia
sencilla, transmite en todas las obras una lúcida definición de la línea como
un elemento que le permitió desplegar su vitalidad artística.
En la sección El exilio se puede seguir la militancia de izquierda de Picasso, opción política
que compartía con Arias. Allí están, entre otras, las litografías Preso con
paloma de la paz (1959) y Palomas y prisioneros (para los exiliados españoles (1962).
En el núcleo de piezas sobre Los toros hay magníficos ladrillos de barro cocido
pintado, con escenas de Tauromaquia, y un plato de cerámica con el título El
torero muerto (1957), otra imagen de gran potencia visual y emocional. En
tanto, la reproducción litográfica Toritos fritos (1957), al igual que en otras
de las piezas, lleva la dedicatoria "Para mi amigo/Arias/Picasso". La
obra tiene como motivo justamente un plato con toritos fritos para ser comidos.
Como señala el texto que se exhibe sobre una pared al inicio de la muestra, las
obras, realizadas en los últimos 25 años de la vida de Picasso, muestran las
preocupaciones de este último tramo de la larga carrera artística del
malagueño: la vuelta al mediterráneo, el reto de la historia, la lucha
antifranquista, entre otras.
El ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, recordó ayer que la muestra llega
a la ciudad a raíz del convenio de cooperación e intercambio suscripto con la
Consejería madrileña para llevar adelante diversas acciones para promocionar
las actividades de ambas ciudades. Como parte de ese intercambio, entre enero y
marzo estuvo en la Biblioteca
Joaquín Leguina, de Madrid, la exposición El Atlas de Borges , que reunió
fotografías del álbum de viajes del escritor argentino.
La muestra Picasso en
Buenos Aires será inaugurada hoy, a las 12.30, por el Jefe del Gobierno
Porteño, Mauricio Macri, y el Consejero de Cultura y Turismo de la Comunidad de
Madrid, Santiago Fisas Ayxelá. Se la podrá visitar de martes a domingo, de 14 a
20, con entrada libre y gratuita.
El barbero Eugenio Arias, que falleció el 28 de abril último, siempre quiso que
la colección estuviera en la España democrática, por lo cual, tras su largo
exilio, la donó.
Contribuyó, así, a que varias obras de Picasso puedan ser hoy
vistas por un amplio público, que no deja de asombrarse por ese trazo artístico
tan personal con el que el artista, que exploró con la mayor libertad los más
variados campos de la creación artística, honró a todo un amigo.
Fuente: Laura Casanovas / LA
NACION


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